No estoy leyendo ni posteando mucho, pero hoy me puse a ver el blog de Enrique Dans y encontre un post más que interesante en el que explica su postura frente a la industria de la música, no como usuario sino como académico (es profesor de una escuela de negocios).
¿Qué ocurre cuando esos bits se pueden mover libremente? Pues que los negocios cambian. Que las industrias que vivían de acercar esos bits a un público determinado pierden el valor generado por ese eslabón de su cadena de valor. Como esas empresas, además de distribuir, estaban implicadas en unos mecanismos de producción ya de por sí extremadamente viciados, surgen problemas en la retribución de los artistas, que ven como sus productos, en vez de ser obtenidos a través del canal convencional, totalmente desprovisto de propuesta de valor, son obtenidos mediante canales alternativos notablemente más ventajosos. Se llega a un punto en el que la propuesta de valor del canal alternativo es tan ventajosa en términos de comodidad, versatilidad y hasta imagen, que la idea de seguir vendiendo el producto tradicional resulta, simplemente, una ofensa a las leyes del sentido común: lisa y llanamente, una estupidez. ¿Para qué voy a bajar a la calle a comprar un estúpido pedazo de plástico que contiene más canciones de las que quiero, cuesta un elevado precio y además no funciona en todos los soportes, cuando puedo obtenerlo rápido, gratis y sin restricciones a través de Internet? ¿Por hacerle algún tipo de favor a una industria que dedica todos sus esfuerzos a insultarme incesantemente? La cuestión es, simplemente, una ofensa al sentido común.
Partiendo de esa base, la industria se pone en pie de guerra, pero en lugar de hacerlo en la dirección correcta, para innovar y tratar de obtener modelos de negocio alternativos, lo hace para parar lo imparable, para intentar poner puertas al campo. Y para ello, en un despliegue de contrasentido común, intenta perseguir a sus propios usuarios, criminalizarlos, e imponerles barreras y restricciones cada vez más poderosas (pese a lo cual, por supuesto, el tráfico en redes P2P no deja de subir).
Mi postura frente a la música - E. Dans
La paranoia de la propiedad privada